 |
Wendy Temple
País: Australia Edad: 49 Profesión: Profesora Tipo de EM: Remitente recidivante Año de diagnóstico: 2003
Mi vida no comenzó en el día de mi nacimiento, sino en el día de 2003 en que me dijeron que tenía Esclerosis Múltiple (EM). Después de años de pruebas en que me decían que tenía de todo desde ansiedad y depresión hasta falta de hierro y problemas hormonales – yo era simplemente una neurótica- por fin pude justificar mi persistencia.
Algo malo me pasaba y no era que estuviera todo en mi cabeza. Fue un día de un gran alivio. Por supuesto, yo no sabía nada de la EM, pero al menos lo que me pasaba tenía un nombre, era un problema médico y podría ser tratado,...
Mis síntomas eran: entumecimiento de mi muslo izquierdo; luz cegadora en mis ojos; falta de capacidad de escribir correctamente; caminaba como si tuviera bastantes copas de más, y vértigo. Tenía que hacer un gran esfuerzo pensando antes de hablar para estar segura de que lo que decía era correcto. Sufría una terrible pérdida de memoria, tenía que revisar varias veces mi bolso para estar segura de que mis llaves estaban allí y continuamente tenía que comprobar mi agenda para ver dónde se suponía que tenía que estar. Estos síntomas me habían estado ocurriendo ocasionalmente durante muchos años. Por supuesto, ahora que sé que he tenido EM desde mucho antes de lo pensaba en un principio, se explican unas cuantas cosas de mi vida.
Primero se lo dije a mi familia. Su reacción fue la de un apoyo tremendo y montones de preguntas. Después, se lo conté al director de la la escuela superior donde soy profesora y después, durante reuniones de personal, se lo conté al resto de mis colegas. Unos gritaron asombrados y otros se quedaron en silencio asustados, pero yo les conocía bien y podía contar con sus oraciones y apoyo en este momento.
En la escuela, trabajo con estudiantes indígenas (Aborígenes) a diario. De edades entre 5 y 11 años. Decidí no contarles nada de mi EM – habría demasiado que contar. En los días en que me cuesta pensar con claridad les digo “¿por qué no explicas cómo hacemos esto? ” O “¿os gustaría leer un rato?” – ¡siempre funciona! Si tengo problemas para escribir, sencillamente le pido al estudiante que escriba para mí, pues siempre necesitan practicar la escritura.
Tengo suerte de estar viviendo aquí en Australia, pues tenemos unas leyes anti-discriminación excelentes. A nadie le pueden negar un empleo por causa de una discapacidad, y, lo que es más importante en mi caso, nadie puede ser despedido por causa de una discapacidad. Hay multas muy duras para los empresarios que incumplen esta norma.
Después de mi diagnóstico me di cuenta de que necesitaba enterarme de todo lo que pudiera sobre EM para aprender a hacerle frente. En esto tuve suerte ya que disponía para ayudarme de esa gran herramienta conocida como ‘internet’. Sin embargo, cuanto más leía, más empezaba a sentir un intenso temor. Descubrí que no había ninguna cura, ni pastilla ni poción milagrosa que pudieran salvarme. Me volví un poco retraída y odiaba que la gente me preguntara qué tal estaba. Me preguntaba a mí misma “¿de verdad quieren saberlo o sólo están siendo educados?” Qué equivocada estaba –eran sinceros en preguntar por amistad y preocupación por alguien a quien quieren y cuidan.
Después de probar Rebif durante seis meses, decidí que no era para mí. El mantenimiento de mí misma estalló en pedazos. Tenía que tratar de afrontarlo a mi manera, así que decidí que usaría mi arma más poderosa- mi buen humor-para sobreponerme a todo.
Descubrí la página Web de la Federación Internacional de EM y leí sobre cómo otros estaban sufriendo, y entonces me sentí culpable por no haber pensado que mis síntomas podían ser tan malos como los de ellos. Quise llegar a todos y darle a todos y cada uno de ellos la fuerza para sobreponerse, pero no estaba segura de cómo hacer esto. Empecé escribiendo mi blog en la página web y leyendo y comentando todos los mensajes que podía, llegando a todo el planeta para ofrecer palabras de ánimo y esperanza.

Siempre me ha encantado andar por el campo, y decidí que mientras fuera capaz de ello, haría tanto como pudiera. El año pasado dos colegas y yo decidimos probar una aventura – hicimos rappel en las Blue Mountains, al oeste de Sydney. Nos tiramos siete veces, subiendo hasta unos decentes 60 metros. Fue lo más espantoso que he hecho en mi vida, pero lo hice, sobreviví y me sentí viva por estar haciéndolo. Esta fue – para mí – una auténtica aventura; superando obstáculos, enfrentándome al demonio de frente y ganando.

En Abril alcancé otra meta; la espeleología. Hice rappel, gateé, arrastré y tire de mi cuerpo como nunca lo había hecho y me sentí así de viva. Es esta subida de adrenalina la que ahora me mantiene, sabiendo que puedo hacer no sólo actividades que otros temen, sino que además puedo hacerlas con, o a pesar de tener EM.
En Australia tenemos asociaciones nacionales, estatales y locales. Tengo un gran médico de medicina general que siempre está disponible para que hable con él. Tengo una familia encantadora, fantásticos amigos y compañeros de trabajo para apoyarme cuando lo necesito. Mi vida ha sido profundamente arraigada con esa gran expresión de Aussie “she’ll be right mate” (“ella estará bien"). Me imagino que mi mayor talento es mi habilidad para creer en mi misma y en mis capacidades. Saber que aunque me lleva más tiempo que antes el hacer las cosas, todavía puedo funcionar como alguien que contribuye viviendo, respirando, a esta vida. Puede que mi casa no siempre sea la `foto perfecta´ pero ¡eh!, siempre queda mañana. Sí, siempre queda mañana. Ese sería mi consejo para cualquiera que tenga EM – siempre queda mañana. Si no puedes hacerlo hoy, inténtalo de nuevo mañana. Vive tu vida a tope, ríe, llora, grita, chilla, da voces, lo que quieras hacer – sólo sal a hacerlo. Si no te ves a ti mismo haciendo rappel o espeleología – encuentra aquello que nunca pensaste que podrías hacer y prueba.
Buena suerte a todo con vuestras aventuras.
MSIF desearía agradecer a Susana Sánchez su traducción.
|