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Nombre: Izabela Odrobisnka Año de Diagnóstico: 1997 Ocupación: Periodista / Presidente de la Asociación Polaca de EM País: Polonia
Un día me desperté con un dolor de cabeza muy fuerte. Algo pasaba con mi ojo izquierdo, tenía como una niebla. Como tenía tiempo antes de irme al trabajo, me fui al doctor. El oftalmíólogo examinó mi ojo sin decir una palabra. Después de unos minutos me envió inmediatamente al hospital. Para decir la verdad yo no podía creer que tenía que ir al hospital. ¿Por qué? ¿Para qué? Esta bien, todo el mundo se puede enfermar, ¿pero yo? ¿por culpa de un ojo? Imposible. Me pusieron un pedazo de papel con unas palabras extrañas, "neuritis óptica", en mi calendario y decidí regresar al periódico.
Al día siguiente estaba peor. La niebla en mi ojo era más grande y el dolor de cabeza era más fuerte. - Esta bien, ire al hospital. La decisión no fue fíácil. - Pero solo por pocos días.
Era un viernes, 4 de diciembre de 1997. Salí del hospital dos meses míás tarde. Mi ojo izquierdo estaba completamente ciego. El derecho estaba casi ciego. Algo pasaba con mis oidos, no podía escuchar algunos sonidos y tenía vértigo, como si estuviera dando vueltas.
Ese fue el primer ataque de EM. Uno realmente fuerte. Durante el año siguiente, poco a poco perdí más facultades: mis manos se volvieron débiles, mis piernas ya no respondían. Los neurólogos no me podían ayudar. Hicieron todo lo que pudieron, pero no había mucho que pudieran hacer.
Yo tampoco sabía que hacer. Antes del diagnóstico, yo trabajaba como periodista. Viajé mucho desde el Oriente Próximo a los Balcanes. Esa era yo ayudando a los demás. Ahora ni siquiera podía salir de mi propia casa. No era capaz de leer, de escuchar música, ni siquiera podía entender lo que las personas hablaban, ni podía reconocer caras que antes eran familiares. Todo el mundo y todas las cosas parecían estar del otro lado de una pared.
¿Qué pasó luego? ¿Qué pasó conmigo? Siete años más tarde recibí el Premio Wolfensohn para la persona internacional con EM. ¿Qué pasó conmigo en estos siete años?
Para decir la verdad: nada. Me quedé en mi casa. Ni siquiera esperé por tiempos mejores, no pensaba en el futuro. Trataba de no pensar nada. Trataba de dormir todo el tiempo porque era el único momento en el que volvía a la época antes del diagnóstico: era libre de la EM. Las medicinas me ayudaban a dormir más, a veces, todo el día. No podía trabajar como reportera, por lo que perdí mi trabajo.
Un día, mi esposo me dijo que no quería ser un enfermero, El quería empezar una nueva vida, en la que no existiera la EM... Yo no tenía esa posibilidad. Mi única alternativa era terminar con mi vida. Y lo intenté. Incluso en eso, fallé.
Todo eso fue como un mal sueño. Me desperté del sueño por supuesto, pero eso no sucedió de un día para el otro. Fue un proceso. Paso a paso, trate de hace algo. Lavarme, tomarme un café en la mañana. Me di cuenta de que en la EM el tiempo se mide diferente y sabe diferente. El tiempo en la EM se va muy rápido, lo podemos sentir en nuestro cuerpo: en nuestras piernas y manos. Nosotros, las personas con EM, saboreamos el tiempo, saboreamos cada café mañanero. Tambén me di cuenta de que no hay nada imposible de hacer. El problema es que estamos acostumbrados a hacer las cosas de la manera conocida. De hecho, nos deberíamos hacer una nueva pregunta: ¿cómo lo hago ahora?
Todos los días yo me hacía esa pregunta. Y un día, no se cuándo ni por qué, fui al Centro de Rehabilitación para el Ciego. A continuación, encontré el Centro de Ayudas de Escucha. Un día vine a la Asociación Polaca de EM y empecé a hacer algo por los demás. Como mi padre solía decir: uno nunca está completamente solo, en cualquier momento de tu vida puedes hacer o dar algo a los demás, puedes dar tiempo o puedes dar una sonrisa...
Ahora uso no sólo ayudas especiales para ciegos y ayudas auditivas, sino también una silla de ruedas. Además, terminé un diploma de postgrado en psicología social en la Universidad de Varsovia. Todavía trabajo como periodista y dirijo la Asociación Polaca de EM...
No estoy sola, mi casa está llena de amigos.
Tengo EM, pero la EM no me tiene a mi.
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