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Células madre de embriones humanos: ¿un recurso experimental y terapéutico?
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11
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2008
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Siddharthan Chandran, MRCP, PhD, Departamento de Neurociencias Clínicas, Centre for Brain Repair, Universidad de Cambridge, Cambridge, Reino Unido. |
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La última década ha presenciado la aparición de un interés inusitado y sin precedentes por las células madre en general y las células madre embrionarias humanas en particular. Estas células han suscitado alternativamente esperanzas y temores en un gran número de colectivos, desde los defensores de la familia hasta los responsables de políticas y los expertos en ética.
 Las células madre embrionarias (CME) pueden constituir una fuente prácticamente ilimitada de células nerviosas (arriba) para la experimentación y el descubrimiento de nuevos fármacos.
CME – ¿El kit de reparación definitivo? La mayoría de las células madre sólo pueden engendrar células que pertenecen a su tejido originario. Así, por ejemplo, las células madre nerviosas dan lugar a neuronas. Las células madre del embrión humano (CME) pueden generar todos los tipos celulares presentes en el cuerpo humano, más de 200. La doble propiedad de autorrenovación y pluripotencialidad (especialización sin restricciones) significa que las CME podrían ser lo que podríamos llamar el “kit de reparación corporal” definitivo.
¿Cuál es su origen? Las CME son células madre extraídas de embriones de 4 ó 5 días de edad obtenidos en las clínicas de reproducción. Estos embriones se fertilizaron fuera del organismo (in vitro) y se donaron para fines de investigación con el consentimiento informado de sus propietarios. Las células extraídas se cultivan en una capa de células nodriza inmersa en un medio nutritivo específico (cultivo celular). Con el paso del tiempo, las CME se multiplican y crecen hasta ocupar toda la placa de cultivo original y deben resembrarse en nuevas placas. El proceso acaba engendrando millones de CME a partir de una pequeña cantidad inicial de estas células.
¿De qué modo las CME ayudan a los científicos a estudiar la EM? Los tratamientos de la EM tienen como objetivos prevenir y reparar el daño, pero a pesar de los importantes avances terapéuticos (medicamentos que alteran el curso de la enfermedad), que han propiciado una disminución de las recaídas, y de algunos indicios crecientes de que el tratamiento precoz puede limitar la incapacidad, no disponemos de tratamientos que permitan prevenir o reparar la incapacidad crónica. El desarrollo de nuevas terapias requiere mejorar nuestros conocimientos acerca de la naturaleza de la evolución de la enfermedad y del fracaso de la recuperación. Actualmente, utilizamos numerosos modelos animales para investigar la EM, pero aunque son muy útiles, necesitamos poder estudiar las células humanas. Hasta la aparición de las CME las posibilidades de un amplio estudio de las células humanas eran una utopía.
Disponer de un número ilimitado de neuronas y oligodendrocitos humanos constituiría un recurso de investigación inestimable para los investigadores de la EM. Las CME hacen esto factible y, con el fin de hacer cierta esta posibilidad, los científicos deben entender primero el proceso o las señales que determinan la transformación de una CME en una célula madre nerviosa y después en una neurona o un oligodendrocito. Muchas investigaciones se centran en este proceso y se basan en gran medida en los conocimientos atesorados en los estudios con animales en desarrollo. Una vez conocidas, estas señales bioquímicas podrán aplicarse en condiciones controladas para transformar las CME en células madre nerviosas, neuronas u oligodendrocitos. Si disponemos de una fuente ilimitada de neuronas y oligodendrocitos humanos podremos abordar algunas cuestiones importantes. Por ejemplo, podremos ampliar nuestros conocimientos sobre las señales bioquímicas que intercambian las neuronas y la oligodendroglia y sobre cómo este lenguaje se ve alterado en la EM. Estos conocimientos podrán traducirse en terapias encaminadas a restaurar la comunicación celular normal en las personas con EM, promoviendo así la reparación. La industria farmacéutica tiene un especial interés en las CME por esta razón. Un amplio suministro de células humanas nos brindaría la oportunidad única de analizar y descubrir nuevos fármacos
¿Las células generadas a partir de CME pueden jugar un papel en la EM? Es innegable que las CME pueden constituir un suministro prácticamente ilimitado de neuronas como herramienta experimental y para el descubrimiento de fármacos, pero su protagonismo en las terapias celulares resulta más controvertido. El sistema nervioso dañado de las personas con EM se puede reparar por sí solo. La reparación endógena corre a cargo de los oligodendrocitos, que reconstruyen el aislamiento envolvente de los nervios lesionados y crean una “capa” protectora en un proceso conocido como remielinización. Por desgracia, en la EM esta reparación es limitada e inadecuada. Las células madre pueden posibilitar la remielinización actuando como una reserva celular de factores auxiliares que limiten la lesión o bien facilitando la remielinización endógena. Además, las células derivadas de las células madre, en particular los oligodendrocitos, se pueden usar para reparar directamente las zonas dañadas. Los modelos animales de la EM avalan esta idea. No obstante, dado que las lesiones de la EM pueden aparecer en varios lugares del SNC, el método para administrar las células reparadoras de la mielina se ha convertido en un obstáculo conceptual. Recientes estudios aportan ciertas esperanzas de que la administración intravenosa de células madre nerviosas permita la distribución de las células en zonas que sufren daños generalizados, una idea conocida como “búsqueda dirigida” (homing). No obstante, existen problemas importantes pendientes de resolver antes de que las células madre se puedan estudiar en el marco de ensayos clínicos. Entre ellos se encuentran la creación de CME clínicamente compatibles y métodos que garanticen la exclusión de CME “contaminantes” de las preparaciones “terapéuticas” de células madre nerviosas.
Conclusión La ciencia de las CME está experimentando grandes progresos. La disponibilidad de un número ilimitado de neuronas humanas para los estudios experimentales ampliaría nuestros conocimientos y, por ende, aceleraría el desarrollo de nuevos tratamientos para la EM. Esto nos permite vislumbrar, con un optimismo prudente, la posibilidad futura de tratamientos válidos para la EM.
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