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  Células madre mesenquimáticas: promesas y realidad
MS in focus Issue 11 - 2008

Dr. Antonio Uccelli, Unidad de Neuroinmunología, Departamento de Neurociencias, Oftalmología y Genética, Universidad de Génova, Génova, Italia.

Cultivos de células madre de mesénquima de ratón fluorescentes transfectadas<br />(modificadas) con una proteína fluorescente verde.
Cultivos de células madre de mesénquima de ratón fluorescentes transfectadas
(modificadas) con una proteína fluorescente verde.

Las células madre son poblaciones celulares heterogéneas, y eso significa que poseen propiedades diversas y dispares. A menudo se las considera, erróneamente, como capaces de reparar casi todos los tejidos gracias a su capacidad para diferenciarse en células de la práctica totalidad de tejidos corporales. Ante estas expectativas, las células madre se han propuesto como una fuente de células para la reparación de tejidos en distintos campos de la medicina regenerativa, incluida la neurología.

Los linfocitos T y B forman parte del sistema inmunitario del organismo. Ambos tipos de células desempeñan una función ante las agresiones que sufre el cuerpo: los linfocitos B producen anticuerpos y los linfocitos T movilizan otras células como parte de la respuesta inmunitaria. En la EM, el organismo desencadena una respuesta inmunitaria anómala en la que linfocitos T y B autorreactivos localizados en el SNC reconocen los propios antígenos de la mielina como cuerpos extraños y atacan y destruyen esta sustancia. La destrucción de la mielina (desmielinización) genera una alteración de la conducción nerviosa y, a largo plazo, lesiones neuronales que constituyen la base biológica de una incapacidad irreversible. El tratamiento ideal de la EM debería tener como diana los linfocitos autorreactivos, proteger el tejido agredido en el SNC y promover su reparación.
Estudios recientes efectuados en el marco de la encefalomielitis autoinmunitaria experimental (EAE), una enfermedad animal que es similar a la EM, han demostrado que las células madre mesenquimales (CMM) podrían ser capaces de lograr esos objetivos.

Las CMM se descubrieron por primera vez en la médula ósea, donde forman los componentes celulares de la sangre mediante una estrecha interacción con las células madre hematopoyéticas (CMH). El destino natural de las CMM es transformarse en las células que constituyen el tejido óseo, las articulaciones, el tejido adiposo, los músculos y los tendones, los llamados tejidos mesodérmicos. Debido a esta tendencia natural, las CMM pueden considerarse células precursoras pluripotentes de los tejidos mesodérmicos, pero no verdaderas células madre. No obstante, en condiciones experimentales concretas, las CMM tienen la facultad de diferenciarse en otros tipos celulares, incluidas las neuronas. En fechas más recientes, diversos estudios han demostrado que las CMM pueden influir en las funciones de las células del sistema inmunitario, entre ellas los linfocitos T y B activados. En presencia de las CMM, los linfocitos y otras células inmunitarias no proliferan y no pueden sintetizar citocinas inflamatorias, los mensajeros que desencadenan la referida respuesta inmunitaria anormal. La facultad de las CMM para modular la respuesta inmunitaria y su aparente capacidad para diferenciarse en neuronas, ha propiciado su investigación como posible tratamiento de la EAE. La inyección intravenosa de CMM en ratones con EAE propició una sorprendente mejoría del curso clínico de la enfermedad y redujo la inflamación y la desmielinización. Este efecto beneficioso se observó en ratones que fueron tratados poco después de la aparición de la

enfermedad, y estuvo asociado con una moderación de la respuesta de los linfocitos T y B contra los antígenos de la mielina detectados en los ganglios linfáticos, lo cual parece indicar que las CMM podrían ser capaces de modular la respuesta autoinmunitaria contra la mielina. En cambio, en los ratones tratados después de que la afección hubiera alcanzado la fase crónica no se observó ninguna mejoría clínica. Las CMM inyectadas se detectaron en el interior del SNC inflamado, pero no se observó ningún indicio sustancial de su transformación en células nerviosas. No obstante, se observó una reducción de la pérdida axonal vinculada con un aumento del número de neuronas presentes en las zonas inflamadas del SNC. Así mismo, se ha demostrado un efecto protector de las neuronas y otros tipos de células expuestas a la inflamación y otras amenazas tóxicas en un entorno controlado (in vitro) y en animales de experimentación, lo que parece indicar que las CMM pueden fomentar la supervivencia de las células dañadas o moribundas en un organismo vivo (in vivo).

La EM es una dolencia en la que la inflamación y la desmielinización del SNC ocasionan una degeneración neural, y los resultados anteriores demuestran que las CMM podrían ser un tratamiento eficaz. No obstante, hasta el momento no existen indicios de que dichas células puedan ser eficaces en los pacientes que sufren una incapacidad severa como consecuencia de una pérdida neuronal crónica e irreversible. En esta situación no sabemos si las CMM, o cualquier otra célula madre adulta, podrán ser capaces de regenerar la compleja red neuronal necesaria para reparar el grave deterioro, pero, lamentablemente, los datos experimentales disponibles indican que esta posibilidad es remota.
A pesar de estos problemas, el uso de las CMM como tratamiento de la EM es posible y no se trata de un concepto futurista. Además, las CMM se obtienen con fines clínicos mediante biopsia ósea o la aspiración de tejido adiposo. Aunque ignoramos la seguridad a largo plazo de las CMM inyectadas, se han venido utilizando para potenciar el crecimiento de las células sanguíneas (hematopoyesis) después del transplante de médula ósea de un donante incompatible (donante con un tipo de sangre distinto al del receptor) y como terapia para el tratamiento de un pequeño número de enfermedades agudas como el infarto cardíaco y la enfermedad del injerto contra el hospedador (GVHD).
En conclusión, a la luz de los datos obtenidos en animales con EAE y la experiencia clínica adquirida en otras enfermedades, las CMM pueden representar en el futuro una terapia válida para las personas afectadas por una EM de rápida evolución y en las que los tratamientos actuales resultan ineficaces. Los estudios venideros deberán corroborar la capacidad de las CMM para generar células neurales in vivo y, posiblemente, para estimular la recuperación endógena a través de células precursoras nerviosas locales, que proporcionen soporte a los axones y reconstruyan la vaina de mielina, abriendo así expectativas esperanzadoras para la reparación y regeneración de los tejidos afectados.

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