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Pocos estudios se han dedicado a la intervención terapéutica en el manejo de la EM, y la única especialidad examinada ha sido la fisioterapia. En un estudio de fisioterapia randomizado y controlado, llevado a cabo en 45 pacientes ingresados (6,5 horas a lo largo de 2 semanas) que como medidas de resultados incluía el Rivermead Mobility Index o Indice de Movilidad del Rivermead, el Barthel ADL Index, y una escala análoga visual (EAV) de angustia relacionada con la movilidad; la única medida que mostró un beneficio en el grupo tratado fue la EAV. No obstante los mismos autores recientemente han demostrado un beneficio significativo respecto pacientes con capacidad para deambular o tratados con fisioterapia domiciliaria. Un segundo estudio fue un paso más allá e intentó comparar dos formas de fisioterapia. Fue un estudio piloto, con 23 pacientes, 20 de los cuales lo finalizaron. Diez pacientes recibieron lo que se describe como “acercamiento a la facilitación” basado en la alteración (ej, Bobath), mientras que en el otro grupo tuvo un acercamiento más orientado a tareas basadas en una mayor discapacidad (ej, Carr and Shepherd). Los pacientes recibieron un mínimo de 15 sesiones a lo largo de 5 a 7 semanas. Las medidas que se utilizaron fueron basadas en la movilidad e incluían el tiempo en recorrer 10 metros y el Rivermead Movility Index. De forma no sorprendente no se objetivaron diferencias significativas entre los dos pequeños grupos aunque ambos mejoraron respecto la situación basal (p<0,05). Un reciente estudio randomizado y controlado en 40 pacientes afectos de EM y con problemas de movilidad evaluó el resultado de la fisioterapia hospitalaria y domiciliaria. Se utilizó un amplio rango de escalas de medidas y la fisioterapia mostró un beneficio significativo sin tener en cuenta la localización, en el Rivermead Movility Index, que fue apoyado por otras medidas de movilidad, marcha y equilibrio. No se encontraron diferencias significativas entre el tratamiento en domicilio (por preferencia del paciente) o en el hospital, aunque este último resultó menos caro.
El impacto de ejercicios aeróbicos se ha evaluado en 46 pacientes con EM relativamente moderada de los que 21 pacientes se randomizaron asignánndose a un programa de ejercicios de 15 semanas. Los 25 restantes no realizaron ejercicio durante ese periodo. Se estudiaron múltiples medidas de resultados, incluida la capacidad aeróbica, la fuerza isométrica, medidas de calidad de vida, el Sickness Impact Profile (SIP), la Fatigue Severity Scale (FSS) y el EDSS. Se observaron cambios significativos, desde el estado basal, en el grupo que recibió ejercicio durante las 15 semanas en las medidas fisiológicas y en el componente físico del SIP. Hubo cambios poco mantenidos en el dominio psicológico del SIP pero no en el EDSS ni en el FSS.
Conclusion: Hay pocas evidencias que apoyen el papel de esta terapia en EM, pero estudios recientes confirman que estos trabajos son actualmente factibles y es urgente que sean llevados a cabo.
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