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La espasticidad es un síntoma frecuente en EM, observándose más o menos en el 75% de pacientes. Es un síntoma muy complejo y poco entendido que forma parte del síndrome de motoneurona superior. En la EM las extremidades inferiores suelen afectarse mucho más que las superiores. Esta se puede asociar a dolor, espasmos dolorosos de extensión y flexión, clonus y paresia subyacente. La espasticidad en extensión de las piernas, sobre todo a nivel de cuadriceps, puede suponer una ayuda para mantener la bipedestación, caminar y para realizar transferencias. No obstante, cuando el músculo alcanza cierta longitud como resultado de resistencias crecientes y progresivo estiramiento, pueden ocurrir pérdidas súbitas del tono motor. La espasticidad se asocia a cambios estructurales a nivel muscular (tixotropía) permitiendo diferentes resistencias al movimiento y al acortamiento. Funcionalmente la espasticidad puede reducir la movilidad y destreza, mientras que los espasmos sobre todo dificultarán, entre otros, las transferencias, el adoptar ciertas posturas en sedestación y en decúbito, así como afectar al sueño.
El tratamiento de la espasticidad no debería encaminarse a la resolución de ésta per se, si no a la mejoría de la funcionalidad, facilitación de los cuidados y desaparición del dolor. Los componentes claves en el manejo de la espasticidad incluyen la educación del paciente, fisioterapia y tratamiento farmacológico cuando sea preciso. Esto debería incluir el indagar en la presencia de factores nocivos como las infecciones de tracto urinario, impactaciones fecales y uñas incarnatas que pueden empeorar la espasticidad así como enfatizar la importancia de lograr posiciones correctas en sedestación y bipedestación. El tratamiento se debería dividir en tratamiento oral, tratamiento administrado por otras vías (intratecal, intraneural o intramuscular) y cirugía. Debemos recordar, además, que cualquier tratamiento elegido requerirá el ir acompañado de una monitorización. Por otro lado la espasticidad debida a la EM cambia con el tiempo por lo que es importante hacer reevaluaciones en intervalos regulares.
Existen pocos ensayos con agentes antiespasticos en la EM, y los que se conocen generalmente recogen un número escaso de pacientes o el patrón de espasticidad está descrito de forma incorrecta, o los objetivos del tratamiento no están bien especificados y sólo recogen resultados a corto-medio plazo. En la práctica clínica se ha sugerido la monoterapia como lo ideal, aunque cuando ésta falla completamente o sólo es efectiva de forma parcial, parece racional la combinación de agentes. De entre los diferentes fármacos orales destacan el baclofeno, uno de los más aceptados, tanto por vía oral como intratecal, y la tizanidina, más recientemente aceptada en el Reino Unido y Estados Unidos. La mayoría de los estudios se llevaron a cabo hace 20 ó 30 años, y se centraron en pacientes con lesiones medulares. El manejo de la espasticidad grave debe ser enfocado desde un punto de vista multidisciplinar que incluya neurólogos y fisioterapeutas expertos que puedan ofrecer un amplio rango de opciones terapéuticas.
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