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El problema sexual del que los hombres con EM se quejan con más frecuencia es la disfunción eréctil, siendo también la razón más frecuente de que esos mismos hombres pidan ayuda sexual. Viagra® es el primer medicamento aprobado por la United States Food and Drug Administration que se administra por vía oral para la impotencia. Sildenafil funciona bloqueando la sustancia química de los tejidos eréctiles que hace que las erecciones se vuelvan fláccidas. No mejora la libido, pero ayuda a mantener la erección cuando se produce. Lo normal es tomarlo una hora antes de la anticipada actividad sexual, y surte efecto hasta pasadas cuatro horas de la ingesta. Se han realizado ensayos clínicos de ViagraÒ tanto con hombres como con mujeres. Aunque no se han publicado los hallazgos hasta la fecha, se han comunicado efectos positivos de los estudios. Viagra® se asocia con un aumento de la frecuencia del coito y con erecciones satisfactorias en la EM. Cuando en una relación hay conflicto o angustia significativos, será necesario el asesoramiento para restaurar la intimidad y mejorar la comunicación.
No se aconseja Viagra® para quienes toman medicaciones basadas en nitrato, pues la interacción entre los medicamentos puede producir una reducción súbita y potencialmente peligrosa de la presión sanguínea, aún cuando los medicamentos con nitrato se tomen esporádicamente. Es importante tomar Viagra® sólo cuando lo prescriba un médico buen conocedor de los tratamientos y la medicación que usted esté recibiendo. Las reacciones adversas de Viagra® en los ensayos clínicos fueron relativamente poco importantes e infrecuentes, comunicándose cefalea, enrojecimiento facial, indigestión, mareos y aura visual azul verdosa.
Se están realizando ensayos clínicos de otros medicamentos orales para la disfunción eréctil, entre ellos Vasomax® y IC351®. Estos fármacos funcionan relajando el músculo liso del pene, lo que mejora la capacidad de tener y mantener erecciones. Pero hay que hacer más pruebas con estos medicamentos, y todavía se desconoce si serán útiles en la EM. Otros medicamentos ensayados actúan directamente sobre el cerebro para aumentar los neurotransmisores que facilitan la capacidad eréctil.
Otros enfoques médicos existentes para la disfunción eréctil en la EM son inyectar en el pene fármacos como alprostadil (Prostin VR®) o papaverina, que aumentan el flujo sanguíneo y contribuyen a mantener el volumen hemático en los tejidos eréctiles esponjosos. Existen autoinyecciones que funcionan con un sencillo mecanismo de apretar un botón. La inyección habitualmente sólo produce una incomodidad leve, y se describe como algo parecido a cuando a uno le dan un golpe con una goma elástica. Las reacciones adversas son mínimas para la mayoría de los usuarios si se siguen atentamente las instrucciones del urólogo o del médico prescriptor. Las erecciones demasiado prolongadas, denominadas priapismo, son una reacción adversa que puede dañar el tejido del pene. Es importantísimo que un hombre nunca tenga una erección que dure más de cuatro horas. Si tal le ocurriera, deberá ver al médico inmediatamente, para que le ponga una inyección para reducir la erección. Otra reacción adversa potencial es la cicatrización del sitio de la inyección, que puede darse entre el 7% y el 10 % de los hombres.
También se puede emplear Alprostadil en supositorios uretrales (MUSE®) además de la inyección peniana. En este caso, un pequeño aplicador de plástico inserta el fármaco en la uretra. El fármaco queda absorbido en los tejidos penianos y estimula una erección satisfactoria en la mayoría de los hombres con disfunción eréctil. Aproximadamente un tercio de los hombres que prueban el medicamento comunican cierta incomodidad peniana con su uso, pudiendo darse priapismo en algunos casos raros.
Se está experimentando con la aplicación directa de alprostadil a la superficie del pene en forma de crema o gel. Alprox-TD® o Topiglan® se aplican directamente al pene, siendo absorbidos con rapidez. Los datos preliminares indican que son útiles para personas sin EM, aunque hacen falta más ensayos y todavía no han sido aprobados por la US Food and Drug Administration.
Un dispositivo no invasor que ayuda en las erecciones es el tubo de vacío y la banda de constricción. Este método consiste en acoplar un tubo de plástico al pene fláccido, haciendo funcionar una bomba o tubo de succión para crear un vacío que posteriormente produce una erección. Se desliza una banda de caucho de la base del tubo a la base del pene afeitado. La banda mantiene el flujo sanguíneo en el pene para las actividades sexuales. La banda no se debe usar más de 30 minutos, ya que puede dañar los tejidos penianos. Para quienes llegan fácilmente a la erección pero tienen dificultad en mantenerla, se puede emplear sola la banda de constricción con resultados satisfactorios. Por regla general, la satisfacción del paciente con este dispositivo es muy alta. Este producto puede obtenerse ahora sin receta en los Estados Unidos, aunque se aconseja consultar a un enfermero urológico o a un urólogo para asegurarse de usar bien el producto. Para más información sobre cómo encargarlo, véase el final del artículo.
Se pueden obtener diversas ayudas sexuales por catalogo [véase recursos al final del artículo] que no requieren receta médica. Hay quienes prefieren penes de látex que se sujetan al cuerpo, algunos de ellos huecos para introducir en ellos el pene flácido o semierecto. También existen vibradores en forma de pene que funcionan con pilas y se ciñen al cuerpo.
Entre las formas más invasoras de tratamiento de los problemas de erección están el implante quirúrgico de una prótesis peniana. Se trata de un dispositivo mecánico que proporciona al hombre con disfunción eréctil la opción de tener una erección. Existen dos tipos de prótesis penianas: semirrígida e hinchable. En el modelo semirrígido, se implanta quirúrgicamente una varilla flexible en cada una de las cámaras de erección (corpus cavernosa) del pene. Dichas varillas pueden doblarse hacia arriba cuando se desee una erección y hacia abajo el resto del tiempo. A veces, tras la inserción de las varillas, el pene permanece un tanto congestionado, con una semierección permanente.
En la prótesis hinchable, se bombea líquido de un depósito detrás de la pared abdominal a cilindros expansibles insertos en las cámaras de erección del pene. El líquido hace que los globos se hinchen, produciendo la erección. El hombre bombea el líquido a las cámaras cuando desea la erección y devuelve el líquido al depósito cuando ya no quiere tenerla.
Es imprescindible incluir a la esposa o la pareja sexual permanente en la decisión de imponer un implante, así como en la selección del tipo de prótesis que se va a usar. Una consulta prolongada, antes de la intervención, con un urólogo o un médico familiarizado con la EM ayudará a que tanto el hombre como su pareja sepan a ciencia cierta lo que pueden esperar tras la intervención. Muchos hombres experimentan sensaciones eréctiles normales y un orgasmo normal tras el implante quirúrgico.
No obstante, el implante quirúrgico puede tener reacciones adversas y complicaciones importantes. Como hoy en día existen muchas otras alternativas para la disfunción eréctil, esta opción sólo se emplea como "último recurso" para los hombres en los que otros procedimientos menos invasores han fracasado.
Al tratar la disfunción eréctil, es muy importante incluir en la discusión a la pareja sexual, si se está en una relación duradera. Así se potenciará la intimidad, porque ambas partes están aprendiendo y explorando juntas. Si la pareja siente inhibición para hablar de estas cuestiones, podrá ser útil que les asesore un profesional de temas de salud mental con conocimiento de la EM.
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